domingo, 12 de julio de 2009

Para qué sirve un museo

Vaya respuestas dadas por Richard Armstrong en Babelia. Hasta lo que dice sobre merchandising es toda una lección de argumentos para vender, "permitir que la gente vea el arte de muchas maneras". Añade que tienen pocas pero maravillosas imágenes y deben "hacer de todo para compartirlas". Este tipo de discursos deberían servir a todas aquellas compañías que hacen del diseño uno de las bases estratégicas en su plan de construcción de marcas. El diseño, el que tiene bases de creación artesanales, profundas y que se llevan a cabo a través de multitud de soportes, también se considera arte. Pensemos en un ejemplo actual, la exposición de Mariscal en el Design Museum de Londres.

Su respuesta al título de este blog también debe hacer recapacitar sobre la importancia de la gestión de la experiencia del consumidor en el retail, las instalaciones de nuestra empresa o la página web: " ... un lugar donde se generan grandes ideas y al mismo tiempo donde se celebran las grandes conquistas. Una fábrica de ideas silenciosas que también sirva como santuario no estático".

Y qué pensar sobre la perdurabilidad de las obras de artes. Sentencia, "Uno de los puntos fuertes de un museo es que las obras que hay en él siempre están ahí, cuando las ves de niño o de adulto"

Cómo podemos ser capaces de no generar una "experiencia museística a lo Armstrong" (sic) a todo aquél que nos visita allí donde vendemos, ya sea una tienda, un restaurante, una bodega, una playa, o la consulta del traumatólogo. Entendiendo como tal aquella que es capaz de llevarnos más allá de lo que pensamos sentir en el tiempo que dedicamos a comprar/comer/beber/bañarse/curarnos, que nos lleva a la frontera de nuestra percepción y nos obliga a pensar y apreciar para lo que sirve nuestra presencia allí.

¿Qué decir de esa idea tan sencilla (simplicidad, ya sabéis ;-) ) de la intemporalidad de las obras de arte, de las marcas? Por qué no dedicar nuestros mejores recursos a construir una relación indefinida entre marca y persona, a conseguir que aquella permanezca el mayor tiempo posible en la vida de nuestros clientes o consumidores. ¿Es posible destruir la teoría del ciclo de vida de las marcas? ¿Existen marcas sin ciclo de vida? Quizá continuar por estos derroteros sea demasiado para una tarde calurosa de domingo, el sonido del chapotear de los niños en la piscina y muchas más cosas que hacer. Sin embargo, no dudo de que merece mayor reflexión.

En fin, pensamientos lúcidos y cargados de emoción como los de Richard Armstrong deben aprovecharse para sacar conclusiones en nuestro día a día.

C

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